La espiritualidad fue el eje central bajo el cual monseñor Isaías Duarte Cancino consolidó su liderazgo social. Desde su perspectiva, la recuperación del sentido a través de la fe era fundamental porque podía vincular a los territorios en hermandad, logrando resignificar las vidas de quienes sufrían el dolor de la guerra.
Su pasión por la doctrina de san Ireneo, padre de la Iglesia, nacido en el siglo II en Esmirna, revelaba una profunda preocupación por la ortodoxia doctrinal en monseñor Isaías Duarte Cancino. La fe cristiana implicaba, para él, un profundo compromiso con la dignificación humana que, a su vez, conllevaba la búsqueda de la paz. Era notable su preocupación por la conservación de la doctrina heredada de los apóstoles¹.
Sus planes pastorales no solo lograron vincular a las comunidades, también ejercieron una función de representación y de autoridad que, como en el caso del Urabá, contribuyeron al desarrollo económico y social del territorio. En ese sentido, el crecimiento acelerado de parroquias, seminarios, comunidades religiosas y comunidades laicas comprometidas en los contextos en donde monseñor Isaías Duarte Cancino trabajó estuvo ligado al acompañamiento que él hizo en estos territorios.
¹ Gilson, E. (1965). La filosofía en la Edad Media. Gredos.
